Caminar una ciudad no es lo mismo que atravesarla. No es lo mismo recorrerla para llegar rápido que caminarla para entenderla. Las Jane’s Walk parten de esa premisa sencilla y radical a la vez: que el conocimiento sobre los territorios no vive solo en los libros, los planos o los diagnósticos técnicos, sino en la experiencia cotidiana de quienes los habitan. Inspiradas en el pensamiento de Jane Jacobs, urbanista, activista y observadora incansable de la vida urbana, las Jane’s Walk son caminatas comunitarias, gratuitas y abiertas, guiadas por personas que conocen su barrio desde adentro. No buscan dar cátedra, sino abrir conversación. No se trata de expertos explicando la ciudad, sino de comunidades narrándose a sí mismas. En ese gesto —caminar, mirar, escuchar, preguntar— hay una pedagogía profunda que conecta de manera natural con la filosofía de La Combi Rosa y la del Abejedario. Y es que este año nos sumaremos a esta bella iniciativa que empezaron ellos en Pachuca y que ahora llevaremos a Monterrey y a Guadalajara. Caminar como acto político y afectivo Jane Jacobs defendía algo que hoy parece evidente pero que sigue siendo profundamente contracultural: que las ciudades funcionan mejor cuando se diseñan para la vida cotidiana, no solo para el flujo de capital, los autos o las grandes obras. Las Jane’s Walk retoman ese espíritu y lo aterrizan en prácticas concretas: Caminar despacio Observar lo que normalmente se ignora Escuchar historias locales Nombrar conflictos, pero también afectos Reconocer saberes que no suelen tener micrófono Caminar así es un acto político, pero también un acto afectivo. Implica volver a sentir el territorio: sus ritmos, sus ausencias, sus posibilidades. Y eso mismo hace La Combi Rosa cuando propone repensar nuestra relación con los alimentos, la salud, el cuerpo y la comunidad: desacelerar, observar, preguntar, recuperar saberes cotidianos que han sido desplazados por sistemas industriales y discursos expertos desconectados de la vida real. La Combi Rosa: habitar el sistema alimentario Si las Jane’s Walk nos invitan a leer la ciudad con los pies, La Combi Rosa nos invita a leer el sistema alimentario con el cuerpo. Ambos enfoques parten de una misma intuición: no se puede transformar lo que no se comprende desde la experiencia. La Combi Rosa trabaja desde lo cotidiano: lo que comemos, cómo compramos, cómo cocinamos, cómo nos sentimos en relación con la comida. No desde el juicio, sino desde la curiosidad informada. No desde la culpa, sino desde el autocuidado y el gozo. Así como una Jane’s Walk puede revelar: por qué un barrio perdió su mercado local cómo cambió el uso del suelo quiénes quedaron fuera de las decisiones La Combi Rosa pone sobre la mesa preguntas similares: ¿de dónde viene lo que comemos? ¿quién produce nuestros alimentos y en qué condiciones? ¿qué cuerpos quedan fuera del sistema de salud y bienestar? En ambos casos, el territorio —urbano o alimentario— deja de ser abstracto y se vuelve vivido. Abejedario: biodiversidad, apicultura y comunidades Mientras La Combi Rosa se enfoca en la alimentación y la salud comunitaria, Abejedario se sitúa en un eje paralelo pero complementario: la conexión entre personas, polinizadores y biodiversidad. Abejedario no es un glosario ni un repertorio de palabras abstractas; es un proyecto vivo de apicultura sostenible, con un compromiso real por: impulsar la biodiversidad mediante la instalación de colmenas y jardines polinizadores promover soluciones que restauran ecosistemas y fortalecen la vida de las abejas y otros polinizadores educar y sensibilizar sobre la importancia ecológica de estos agentes biológicos generar comunidad en torno al respeto, la producción de miel y la inclusión ambiental Además, Abejedario ha incorporado iniciativas como caminatas urbanas en búsqueda de polinizadores, retomando explícitamente la lógica de Jane’s Walk para movilizar el conocimiento ecológico en contextos urbanos y periurbanos. Conoce más sobre Abejedario aquí. Muchas ciudades alrededor del mundo organizan estos eventos. En este video puedes escuchar el entrenamiento virtual de los líderes de la caminata en NYC del 2025. https://www.youtube.com/watch?v=29yhjic5S_4 Caminar, comer, cuidar: prácticas que tejen comunidad A 20 años de su muerte, la sabiduría de Jane es hoy más vigente que nunca. Jane’s Walk alrededor del mundo + 0 países las organizan + 0 continentes 0 En un mundo que nos empuja a la prisa, al consumo automático y a la desconexión, tanto las Jane’s Walk como La Combi Rosa proponen algo profundamente subversivo: volver a lo común. Caminar juntas y juntos.Cocinar juntas y juntos.Aprender juntas y juntos. No para idealizar el pasado, sino para imaginar futuros más habitables. Desde esa mirada, una caminata puede convertirse en: un diagnóstico comunitario un espacio de educación informal un acto de cuidado colectivo Y una mesa compartida puede ser: una herramienta de salud un espacio político un lugar para reconstruir vínculos Tres miradas que convergen Aunque provienen de ámbitos distintos —lo urbano, lo alimentario y lo ecológico— las Jane’s Walk, La Combi Rosa y Abejedario comparten una misma base:aprender desde la experiencia, observar lo cotidiano con atención y transformar patrones de relación social y ambiental. Jane’s Walk nos enseña a comprender la ciudad caminándola, a observar lo invisible y escuchar historias locales. La Combi Rosa nos invita a vivir y cuestionar nuestras prácticas alimentarias y de autocuidado, generando comunidad y conversaciones sostenidas. Abejedario nos conecta con el mundo natural, destacando que sin polinizadores no hay alimentos ni sistemas de vida sanos, y que incorporar la biodiversidad es una acción comunitaria necesaria. Conclusión: de andar la ciudad a restaurar ecosistemas Caminar, observar, conversar, aprender y actuar. Ese hilo une estas tres experiencias distintas pero profundamente vinculadas:la ciudad, la comida y la naturaleza no son entes separados, sino territorios de vida que se transforman cuando las personas se organizan desde la experiencia, el diálogo y el cuidado colectivo.
El gigante tecnológico se come al supermercado consciente
Amazon, Whole Foods, Jüsto y lo que éstas compras revelan sobre el sistema alimentario En La Combi Rosa hablamos de comida no como tendencia ni como conveniencia, sino como sistema: de relaciones, de poder, de territorio y de decisiones que tienen consecuencias reales en la vida cotidiana. Desde ahí, la historia reciente de Jüsto se vuelve un punto de partida clave para pensar el llamado “futuro del súper”. Durante semanas, el cierre de operaciones de Jüsto en México y otros mercados de América Latina anunciado en diciembre del 2025 fue leído como el fin de una promesa: la de un supermercado digital que buscaba eliminar intermediarios, ofrecer precios justos y modernizar la experiencia de compra de alimentos. Ese repliegue evidenció una realidad estructural compleja: márgenes extremadamente reducidos, altos costos logísticos, dependencia del capital de riesgo y un mercado profundamente desigual en hábitos de consumo e infraestructura. No fue un fracaso aislado, sino el reflejo de los límites de un sistema alimentario que castiga la innovación cuando no está alineada con escala, volumen y concentración. Fundada en 2019, Jüsto creció aceleradamente durante la pandemia, cuando el e-commerce alimentario vivió un auge sin precedentes. Atrajo inversión internacional, expandió su operación y se posicionó como una alternativa “más justa” frente a supermercados tradicionales. Sin embargo, conforme el contexto cambió —menor liquidez global, consumidores más sensibles al precio, costos crecientes de última milla y presión por rentabilidad— el modelo mostró sus fragilidades. La lección parecía clara: en el sistema alimentario, la intención no basta. Un matiz importante: Jüsto no desaparece, se reconfigura La historia, sin embargo, no terminó ahí. La compra de Jüsto USA por Grupo Omni anunciada el 13 de enero del 2026 introduce un matiz crucial. Más que una quiebra total, lo que ocurrió fue una reorganización geográfica y estratégica: el proyecto no logró sostenerse como alternativa independiente y regional, pero sí resultó valioso como activo dentro de un grupo con mayor músculo operativo, infraestructura y conocimiento del mercado estadounidense. Este movimiento confirma una constante del sistema alimentario contemporáneo: cuando los modelos con narrativa ética o innovadora no logran sostenerse por sí mismos, no desaparecen del todo, sino que son absorbidos, fragmentados o reapropiados por actores con mayor capacidad de escala. El propósito, nuevamente, sobrevive más como atributo de marca o know-how que como estructura transformadora del sistema. Este contexto ayuda a entender por qué, frente a la dificultad de construir alternativas desde la periferia, los grandes jugadores no suelen crear nuevos modelos: compran legitimidad, infraestructura o inteligencia operativa. En 2017, Amazon no entró al mundo de los alimentos frescos creando un modelo nuevo; optó por adquirir Whole Foods Market, una empresa que ya había construido confianza, estándares éticos y un discurso alineado con el llamado capitalismo consciente. Lee nuestro whitepaper Whitepaper
Turtle Island: cocinar la memoria, sanar el territorio
Sean Sherman en Ciudad de México y el diálogo profundo con La Dieta de la Milpa A principios de enero, la Ciudad de México recibió a Sean Sherman —conocido como @the_sioux_chef— una de las voces más potentes y necesarias de la gastronomía contemporánea. Su libro Turtle Island: Foods and Traditions of the Indigenous Peoples of North America no es solo un recetario: es un acto de memoria, una propuesta política y una hoja de ruta para reconectar la alimentación con el territorio, la cultura y la salud. Desde La Combi Rosa, su visita no nos resulta anecdótica ni “de agenda foodie”: la leemos como un momento profundamente simbólico y urgente. Turtle Island —nombre con el que muchos pueblos originarios de Norteamérica se refieren al continente— parte de una idea radicalmente simple: volver a cocinar desde lo que el territorio ofrece, sin ingredientes coloniales ni ultraprocesados. Sherman elimina deliberadamente lácteos, trigo refinado, azúcar industrial y productos altamente procesados, no como una moda nutricional, sino como una forma de descolonización de la cocina y restauración de salud colectiva. ¿Por qué importa que esté en México? Porque México —y particularmente el centro del país— es también territorio indígena vivo, atravesado por tensiones similares: pérdida de biodiversidad, ruptura con saberes alimentarios tradicionales, dependencia de sistemas industriales y una narrativa de “progreso” que ha desplazado prácticas milenarias profundamente nutritivas y sostenibles. Que Sean Sherman camine, cocine y dialogue en la Ciudad de México abre un espejo incómodo pero fértil: ¿qué hemos olvidado de nuestra propia cocina originaria? Aquí es donde el diálogo con La Dieta de la Milpa se vuelve evidente. La Dieta de la Milpa: nuestro Turtle Island Desde La Combi Rosa entendemos La Dieta de la Milpa no como una dieta restrictiva, sino como un sistema alimentario integral: maíz, frijol, quelites, calabaza, chile, cacao, semillas, fermentos, agua y tiempo. Es una lógica de interdependencia entre cultivos, personas y territorio. Exactamente lo que Sherman defiende desde los pueblos originarios del norte del continente. Ambas propuestas comparten principios profundos: Cocinar desde el territorio, no desde el supermercado. Honrar la biodiversidad local como base de la salud humana. Entender la alimentación como cultura, política y ecología, no solo como nutrición. Recuperar el gozo de comer bien, sin culpa ni dogma, pero con conciencia. Cuando Sherman habla de “Indigenous Foodways”, nos recuerda que no se trata de volver al pasado por nostalgia, sino de usar el conocimiento ancestral para diseñar futuros posibles. En La Combi Rosa insistimos en lo mismo: la Milpa no es folclor, es innovación profunda. Más que gastronomía: un pensamiento ecosistémico La relevancia de Turtle Island —y de la visita de Sean Sherman— está en que nos obliga a ampliar la conversación. No es solo qué comemos, sino desde dónde pensamos la comida. En tiempos de crisis climática, enfermedades metabólicas y sistemas alimentarios frágiles, las respuestas no vendrán únicamente de la tecnología o la industria, sino de escuchar a quienes nunca dejaron de observar la tierra. Que este encuentro ocurra en México no es casualidad: somos uno de los pocos países donde la cocina indígena sigue viva, aunque muchas veces invisibilizada o precarizada. El reto —y la oportunidad— está en volver a mirarla con respeto, rigor y alegría. Desde La Combi Rosa celebramos este cruce de caminos. Turtle Island dialoga con la Milpa, el norte con el sur, la memoria con el futuro. Y nos recuerda algo esencial: cuidar lo que comemos es cuidar quiénes somos y el mundo que habitamos. Sean Sherman (1974) es un chef, autor y activista Oglala Lakota conocido como “The Sioux Chef”. Se ha consolidado como la figura líder en la revitalización de los sistemas alimentarios indígenas en América del Norte. Es fundador de NATIFS.ORG, desde donde aborda las crisis económicas y de salud que afectan a las comunidades nativas restableciendo sus costumbres alimentarias. Materiales Educativos
Donna Haraway y el arte de hacer parentesco: pensar La Combi Rosa desde lo poshumano
En 2025, la filósofa y bióloga feminista Donna Haraway fue galardonada con el Erasmus Prize, uno de los reconocimientos internacionales más importantes al pensamiento crítico contemporáneo. El premio reconoce una trayectoria que ha transformado profundamente la manera en que entendemos la ciencia, la tecnología, la ecología y —sobre todo— nuestras relaciones con otros seres humanos y no humanos. En La Combi Rosa, esta noticia no nos es ajena. Al contrario, confirma una intuición que ha guiado nuestro trabajo educativo y tecnológico: la necesidad urgente de repensar las fronteras entre especies, saberes y tecnologías para construir relaciones más cuidadosas, plurales y responsables. Pensar con Haraway: más allá del humano Donna Haraway es una de las voces centrales del pensamiento poshumano, una corriente que cuestiona la idea de que los seres humanos somos entidades separadas, autónomas y dominantes frente al resto del mundo vivo. En su lugar, propone comprender la vida como una red compleja de interdependencias donde humanos, animales, plantas, bacterias y tecnologías coexisten y se transforman mutuamente. “Importa qué historias cuentan historias; importa qué pensamientos piensan pensamientos; importa qué mundos hacen mundos”. -Donna Haraway Esta afirmación ha sido clave para La Combi Rosa: las historias que contamos sobre la alimentación, la salud, la tecnología y el aprendizaje no son neutrales. Configuran prácticas, cuerpos y futuros posibles. El Manifiesto Cyborg: romper fronteras para cuidar mejor Publicado en 1985, el Manifiesto Cyborg es uno de los textos más influyentes de Haraway. En él, la autora utiliza la figura del cyborg —un híbrido entre organismo y máquina— para cuestionar las fronteras rígidas que han organizado el pensamiento moderno:naturaleza / cultura, humano / animal, cuerpo / tecnología, masculino / femenino. Para Haraway, el cyborg no es una amenaza, sino una posibilidad política: una forma de pensar identidades y relaciones sin jerarquías fijas, sin purezas y sin falsas oposiciones. El cyborg reconoce que ya vivimos entrelazados con la tecnología, y que la pregunta no es si usarla o no, sino cómo hacerlo con responsabilidad, ética y cuidado. Esta idea es central para La Combi Rosa: no buscamos volver a una fantasía “natural” sin tecnología, sino aprender a convivir críticamente con ella, poniéndola al servicio de la vida, el bienestar y el aprendizaje colectivo. “Hacer parentesco”: Una brújula ética para el presente El reconocimiento a Donna Haraway llega en un momento crítico: crisis climática, sistemas alimentarios frágiles, cuerpos agotados y tecnologías aceleradas sin reflexión. En La Combi Rosa, Haraway ha sido una brújula ética para: Cuestionar la idea de progreso sin responsabilidad Diseñar tecnología con sensibilidad social y ambiental Educar desde el cuerpo, el gozo y la interdependencia Para Donna Haraway, “hacer parentesco” (making kin) significa reimaginar las relaciones más allá de la familia humana tradicional y del dominio sobre la naturaleza. Es una invitación a reconocer que la vida se sostiene a través de redes de interdependencia entre humanos, otras especies, territorios y tecnologías. Hacer parentesco no se trata de parentescos biológicos ni jerárquicos, sino de vínculos éticos de cuidado, responsabilidad y cohabitación, donde asumir las consecuencias de nuestras acciones es parte del lazo. En este sentido, Haraway propone desplazar la idea de progreso y control por prácticas situadas que permitan vivir y aprender con otros —humanos y no humanos— de manera más justa, atenta y sostenible. Haraway nos recuerda que no hay soluciones simples, pero sí prácticas cotidianas de cuidado compartido. Desde La Combi Rosa te invitamos a: Educar desde la interdependencia, reconociendo que aprender es un acto colectivo. Cuestionar las historias que nos dicen que la tecnología es neutral o inevitable. Usar herramientas digitales con intención, como Nadia, para acompañar y no sustituir. Cuidar el cuerpo y el territorio como parte de un mismo sistema vivo. Hacer parentesco—como propone Haraway— no es una idea abstracta. Es una práctica diaria: en lo que comemos, en cómo enseñamos, en cómo diseñamos tecnología y en cómo nos relacionamos con otros seres. Celebramos su Erasmus Prize no solo como un galardón individual, sino como un reconocimiento a una forma de pensar que hoy resulta indispensable. Porque aprender a vivir mejor no es dominar el mundo, sino aprender a habitarlo juntas, juntos y junto a otros seres. ________________ Haraway, D. J. (1985). A cyborg manifesto: Science, technology, and socialist-feminism in the late twentieth century. Socialist Review, 80, 65–108. Haraway, D. J. (2016). Staying with the trouble: Making kin in the Chthulucene. Duke University Press. Colmena Bot Escolar: aprender desde la interdependencia Nuestra plataforma Colmena Bot Escolar nace desde esta mirada harawayana. Aprender no es un acto individual ni exclusivamente humano, sino un proceso colectivo, situado y vivo. La metáfora de la colmena no es casual. Las abejas nos enseñan que el conocimiento se construye de forma colaborativa, que cada acción impacta al conjunto y que la supervivencia depende del equilibrio entre entorno, cuerpos y cuidados. En Colmena Bot Escolar, el aprendizaje integra: Alimentación consciente Salud metabólica ecología cotidiana Tecnología como mediadora, no como dominadora Todo ello desde una pedagogía que reconoce que somos cuerpo, territorio y relación, no individuos aislados. Nadia: una asistente digital que no sustituye, acompaña Desde esta misma visión surge NadIA, nuestra asistente digital multipcapa. Inspiradas por el Manifiesto Cyborg de Haraway, entendemos la tecnología no como lo opuesto a lo humano, sino como un ensamblaje: una extensión posible de nuestras capacidades cuando se diseña con ética y cuidado. NadIA no busca reemplazar el criterio humano ni el conocimiento comunitario. Su función es acompañar, traducir y facilitar procesos de aprendizaje, respetando contextos, ritmos y decisiones. En términos poshumanos, es parte de un ecosistema híbrido donde lo humano y lo tecnológico coexisten sin jerarquías absolutas. VIDEO: Donna Haraway: alternativa al Antropoceno https://youtu.be/UwfJJMaRV_c?si=hXJLxbBOniQsKd7n
Cuando el pan cuida la memoria: intergeneracionalidad y saberes vivos
En La Combi Rosa entendemos el cuidado como algo que se cultiva en el tiempo. No solo se trata de alimentar cuerpos, sino de sostener memorias, oficios y vínculos que hacen posible una cultura alimentaria viva. La intergeneracionalidad —el diálogo entre quienes aprendieron antes y quienes siguen aprendiendo hoy— es una de las formas más profundas de ese cuidado. Eso fue lo que concluimos tras tomar el curso de Pan Muriel y Bola Dulce en La Panadería del Río, en el barrio de Santa Tere, en Guadalajara, Jalisco. Oficios que se transmiten, saberes que siguen respirando Las panaderías tradicionales de Jalisco han sido, históricamente, espacios de encuentro cotidiano: lugares donde el pan acompaña la vida diaria y donde el conocimiento no se escribe, se observa, se repite y se hereda. En un contexto donde muchos de estos oficios han desaparecido o se han industrializado, los talleres y cursos impartidos por panaderías familiares se vuelven actos de resistencia cultural. Aprender panadería en este entorno no es solo adquirir una técnica, es entrar en contacto con una cadena de saberes que ha pasado de generación en generación, adaptándose sin perder su esencia. Es ahí donde la intergeneracionalidad deja de ser un concepto abstracto y se vuelve experiencia concreta. Diego Saldaña del Río: aprender desde la experiencia viva Diego Saldaña del Río -Diego del Río, como se presenta él mismo- fue nuestro guía en este hermoso taller, que pasó de ser un curso más en nuestro camino para convertirse en una una lección de humildad que nos sacó más de una lagrimita. Diego nació entre costales de harina y hornos encendidos, porque la panadería no solo es su trabajo: es parte de su historia familiar. “Este es mi legado”, dice con una sincera sonrisa, con orgullo y esperanza. No le pesan los múltiples turnos, ni el liderar un equipo que produce alrededor de 5 mil piezas de pan cada día. Desde muy pequeño estuvo presente en el obrador. A los cinco años hizo su primer pan, subido sobre cajas para alcanzar la mesa. A los trece ya dominaba el amasado con la soltura de quien ha crecido viendo y haciendo. Esa relación temprana con el oficio marcó una forma de aprender basada en la práctica constante, la observación y el respeto por los tiempos del pan. “Me permito equivocarme porque se que en cada error hay una lección. Por eso, cada día doy 1% extra que, con disciplina, se convierte en excelencia”, señala Diego. “Eso mismo es lo que comparto con mis alumnos: constancia, pasión y la seguridad de que todos podemos mejorar paso a paso”, agrega. Diego es también boxeador, y esa doble identidad atraviesa su manera de enseñar: disciplina, constancia y atención absoluta al proceso. “Eit, aguas con dejar gránulos de azúcar sin disolver, sientan, usen sus manos, es clave para lograr el sabor que estamos buscando”, señaló en la primera parte de la receta, antes del amasado. En su taller no hay máquinas, la única herramienta “moderna” fueron las pequeñas básculas digitales con las que pesamos cada ingrediente. Diego enseña con humor, con mano firme, pero sobre todo con un amor al arte que hace que valores aún más todo el conocimiento que comparte con gusto y de manera generosa. Trabajar todo con las manos es algo que ya no se ve mucho. Y para quienes ya han probado las mieles de la tecnología culinaria, es una experiencia que o te centra, o te tumba. “Nada, de rendirse, vuélvelo a intentar”, le dijo a Eva, una y otra vez, sacándola de su zona de confort al bolear la masa y al cortar los Murieles. En los cursos de Panadería del Río no solo se explican recetas (las de verdad, las que han pasado a través de los años de generación en generación); sino más bien se comparte una forma de habitar el oficio con el cuerpo entero. Entre broma y broma se nota que lo que si le pesa, es el no sucumbir ante los dulces aromas del pan recién salido del horno, porque está cuidando su peso para subirse al ring. Intergeneracionalidad como forma de cuidado Desde la mirada de La Combi Rosa, cuidar los saberes ancestrales significa crear condiciones para que sigan circulando. La intergeneracionalidad permite que el conocimiento no se congele ni se pierda, sino que se adapte sin romperse. Cuando un panadero comparte su oficio con nuevas generaciones, no solo transmite técnica: transmite valores, ritmo, atención y sentido. En estos intercambios se cuida la identidad alimentaria, se fortalece la comunidad y se sostiene una relación más consciente con lo que comemos. La intergeneracionalidad es fundamental para la protección de los saberes porque transforma a las personas mayores en recursos pedagógicos vivos y a los jóvenes en guardianes activos del legado cultural, asegurando que la sabiduría fluya y se adapte a través del tiempo. Hacer pan, hacer futuro Tomar el curso de pan Muriel y Bola Dulce en La Panadería del Río fue, para nosotras, una confirmación: los saberes no se preservan repitiéndolos de memoria, sino practicándolos con respeto y curiosidad. Con Diego no solo aprendimos a hacer pan. Aprendimos a escuchar al oficio. A entender el tiempo como ingrediente. A reconocer que cada receta es también una historia compartida y una herencia intangible y muy valiosa. Aprendimos también lo que sucede cuando se le abre un espacio de aprendizaje y trabajo a las infancias, con respeto amor y disciplina; lo que pasa cuando se valora el aporte de las juventudes a la preservación de tradiciones que fortalecen nuestra identidad, cultura y sistema alimentario. Entendimos que cuando el conocimiento pasa de mano en mano, el cuidado se vuelve colectivo. En La Combi Rosa nos quedó más que claro que la cultura alimentaria vive mientras se amasa. ¿Cuál es la relación de la intergeneracionalidad en la protección de los saberes? La intergeneracionalidad en la protección de saberes es el intercambio activo y bidireccional de conocimientos, experiencias y prácticas entre distintas generaciones (jóvenes, adultos, mayores) para preservar la
Democracia alimentaria: más que una palabra — una apuesta por la soberanía, el gozo y la justicia
Vivimos tiempos en los que lo que comemos deja de ser un acto privado para convertirse en una palanca de transformación social, ecológica y política. Por eso, en La Combi Rosa abrazamos la idea de democracia alimentaria como un principio orientador de nuestra acción: un camino hacia sistemas alimentarios más justos, conscientes, resilientes y gozosos. El concepto de democracia alimentaria —o food democracy — ha sido desarrollado como una respuesta a la concentración corporativa del poder sobre lo que comemos: un esfuerzo por recuperar el control ciudadano sobre la producción, distribución y consumo de alimentos. A diferencia de sistemas dominados por intereses privados, la democracia alimentaria busca instalar espacios de deliberación, participación y co-decisión. (Behringer & Feindt, 2023) “La justicia alimentaria no es una idea abstracta; es una realidad tangible que podemos crear mediante la acción colectiva”. – Malik Yakini ¿Qué significa realmente democracia alimentaria? Según la revisión sistemática de Behringer y Feindt (2023), hay más de veinte dimensiones con las que se ha teorizado la democracia alimentaria. Entre las más recurrentes destacan: deliberación pública, democracia del conocimiento, acceso a la elección de alimentos, co-planeación cívica y protección de derechos alimentarios. En otras palabras: democracia alimentaria no es simplemente acceso a comida, sino la posibilidad de que cada persona —consumidor, productor, cocinera o comunidad— participe en las decisiones que determinan qué comemos, cómo se produce y quién se beneficia. La alimentación saludable es un derecho y hay que luchar por él Fuente: OPS/OMS, FAO. Folleto de Sistemas Alimentarios para una Alimentación Saludable. Disponible en https://www.paho.org/hq/index.php?option=com_docman&view=download&category_slug=folletos-9790&alias=44553-folleto-sistemas-alimentarios-sostenibles-una-alimentacion-saludable-553&Itemid=270&lang=fr ¿Por qué la democracia alimentaria resuena con La Combi Rosa? 1. Recuperar la agencia y la dignidad alimentariaPara nosotros, comer bien debe ser un acto de placer, cuidado y memoria, no una imposición o un lujo. La democracia alimentaria devuelve a las comunidades la capacidad de decidir sus menús, valorar ingredientes locales, rescatar saberes tradicionales y construir una identidad alimentaria propia. 2. Alinear salud, cultura y justicia climáticaLa Combi Rosa entiende la alimentación desde una perspectiva integral: nutrición, bienestar emocional, sostenibilidad ecológica y vínculo territorial. La democracia alimentaria permite que esas dimensiones convivan: que los alimentos que nutren también restauren suelos, respeten biodiversidad y fortalezcan economías locales. 3. Transformar el sistema desde abajoEn vez de esperar cambios desde arriba, la democracia alimentaria promueve la transformación desde las comunidades —cocinas, hogares, colectivos, barrios—, construyendo soberanía alimentaria desde lo cotidiano y lo colectivo. Esto es coherente con nuestro enfoque de diseño ecosistémico, gastronomía funcional y redes de cuidado. ¿Qué retos señala la investigación? Behringer & Feindt (2023), advierten que existen diferentes visiones de democracia alimentaria. Por un lado, una visión liberal centrada en la libertad individual y la elección de consumo; por otro, una visión que prioriza la deliberación colectiva, la inclusión social y la justicia estructural. Ambas visiones conviven hoy, lo que plantea preguntas fundamentales: ¿puede el mercado solo asegurar soberanía alimentaria? ¿O necesitamos espacios comunes de deliberación y decisión colectiva? En La Combi Rosa creemos en esta segunda vía: la del cuidado compartido, la participación igualitaria y el respeto por la diversidad cultural y ecológica. Nuestra apuesta: hacer posible la democracia alimentaria en la práctica Nuestra misión —transformar el sistema alimentario desde la cocina, articulando memoria, bienestar, gozo, territorio y sustentabilidad— encuentra en la democracia alimentaria su fundamento ético y estratégico. Por eso diseñamos proyectos como ColmenaBotEscolar, que integran: Gastronomía funcional con ingredientes agroecológicos, locales y de temporada. Investigación, diseño sensorial y creatividad culinaria, para volver la comida en una experiencia de gozo y salud. Innovación tecnológica responsable (IA, datos, diseño) como herramienta para empoderar comunidades y productores. Educación alimentaria, participación comunitaria y reconocimiento de los saberes populares. Así, cuando una comunidad decide qué come, quién lo cultiva, cómo se cocina y cómo se reparte, no solo estamos alimentando cuerpos: estamos alimentando dignidad, justicia y futuro. Porque en La Combi Rosa sabemos que la democracia real empieza en la mesa. Referencias Behringer, Julia, & Feindt, Peter H. (2023). Varieties of food democracy: a systematic literature review. Critical Policy Studies, 18(1), 25–51. https://doi.org/10.1080/19460171.2023.2191859
Asambleas alimentarias: cuando la comida se convierte en democracia viva
Asambleas alimentarias: cuando la comida se convierte en democracia viva En La Combi Rosa creemos que la cocina es un territorio donde se cruzan la vida diaria, el bienestar y la imaginación colectiva. Pero también es un espacio profundamente político: un lugar donde aprendemos a decidir juntas, a escucharnos y a construir futuros posibles. Por eso, cada vez hablamos más de asambleas alimentarias, una herramienta poderosa para democratizar el sistema alimentario desde abajo y con las manos en la masa. ¿Qué son las asambleas alimentarias y por qué importan? A diferencia de los modelos tradicionales donde las decisiones sobre qué comemos se toman desde escritorios lejanos, las asambleas alimentarias crean espacios comunitarios de deliberación, abiertos y periódicos, donde padres, cocineras escolares, estudiantes, productores locales, docentes y vecinos conversan, analizan, sueñan y cocrean soluciones para un sistema alimentario más justo y saludable. No son reuniones informativas. No son sondeos de opinión. Son ejercicios de democracia viva. En una asamblea alimentaria se discuten temas como: Menús escolares y criterios nutricionales. Compras públicas y abastecimiento a productores locales. Presupuestos destinados a alimentación escolar. Opciones de alimentos regenerativos o de temporada. Estrategias para integrar salud mental, cultura y territorio en la cocina. Las decisiones se toman mediante herramientas participativas como mapeos colectivos, priorización ciudadana, votaciones y discusiones facilitadas. Cada voz pesa. Cada experiencia cuenta. Cada receta aporta. Democracia desde el plato Las asambleas alimentarias funcionan porque convierten algo cotidiano—la comida—en una oportunidad de participación cívica real. En vez de pedir a las comunidades que entren a espacios donde no se sienten escuchadas, es el sistema el que se mueve hacia donde ellas ya viven, cocinan y alimentan a sus familias. Esta forma de participación: Reconoce diferentes saberes: desde la cocinera de escuela que conoce las texturas preferidas de los niños, hasta el productor que sabe cuándo llueve en su milpa, o la madre que observa qué alimentos generan calma o energía en casa. Fomenta la transparencia: compartir información sobre presupuestos, costos y calidad alimentaria reduce la desconfianza y fortalece el tejido comunitario. Crea corresponsabilidad: las decisiones son colectivas, por lo que también lo son los compromisos. Desarrolla habilidades democráticas: negociación, escucha activa, pensamiento crítico y visión de futuro. Lo más importante: transforma el acto de comer en un espacio de agencia, no de resignación. Cuando la comunidad decide, la alimentación mejora En distintos países donde funcionan modelos de asambleas alimentarias, se han visto beneficios claros: Mayor preferencia por alimentos frescos y locales. Menos desperdicio en comedores escolares. Presupuestos reutilizados con mayor eficiencia. Relaciones más fuertes entre escuelas y productores. Menús culturalmente relevantes y sensorialmente atractivos. Mayor participación de mujeres cuidadoras en procesos de decisión. Pero quizás lo más transformador es que las personas se reconocen como autoras de su propio sistema alimentario, no como consumidoras pasivas. Asambleas alimentarias para entrenar a NadIA y el sueño de La Combi Rosa En La Combi Rosa imaginamos estas asambleas como el corazón de ColmenaBotEscolar, nuestro proyecto de inteligencia artificial para transformar la alimentación escolar con tecnología, cultura y comunidad. Alimentaremos a NadIA, nuestra asistente digital multicapa para la resiliencia alimentaria, con los hallazgos y descubrimientos de estos procesos, para que integre y procese de manera más auténtica los reclamos, necesidades, valores y sobre todo maneras de ver el mundo de los habitantes de los territorios. La IA no sustituye la deliberación humana: la potencia. Ayuda a organizar información, visualizar impactos, traducir datos en decisiones claras y facilitar que las comunidades decidan informadas, unidas y con mayor poder. Porque la democracia también se cocina.Porque el cuidado colectivo empieza por lo que ponemos en la mesa.Y porque cuando una comunidad se reúne a decidir su comida, está decidiendo su salud, su cultura y su futuro. https://youtu.be/hHYe3O7_TUA?si=fR_FooA_0AVDAEg8&t=119
Cocinar para sentir: del placer al gozo
Arthur Brooks, profesor de Harvard y estudioso de la felicidad, dice que “el placer es un fenómeno animal, mientras que el disfrute es un fenómeno humano”. El placer es inmediato: un sabor, un impulso, una gratificación fugaz. El disfrute —y su pariente más profundo, el gozo— ocurre cuando el placer se enlaza con propósito, con memoria y con otras personas. En La Combi Rosa, ese matiz nos importa. Tras su conferencia el pasado miércoles 5 de noviembre en Expo Santa Fe en la Ciudad de México, no nos quedó más que reflexionar al respecto. Y es que cocinar y comer no son solo actos biológicos: son gestos de cuidado, de encuentro, de arte cotidiano. Por eso decimos que la salud también se goza. Cuando un alimento está hecho con atención, con respeto al origen y con amor por quien lo compartirá, deja de ser solo comida: se convierte en vínculo, en historia viva. El gozo del que hablamos no es hedonismo: es una forma de inteligencia emocional y social. Es saber reconocer el valor del sabor, del territorio, de las manos que siembran, de la energía que transforma. Es comer como acto de coherencia entre el cuerpo, el entorno y la comunidad. Brooks explicó que la felicidad duradera no proviene del placer inmediato, sino de tres componentes: disfrute, satisfacción y significado. Nosotros lo traducimos a cocina: gozar, nutrir y dar sentido. Gozar al cocinar, al compartir y al probar. Nutrir el cuerpo con alimentos reales y el alma con experiencias que conectan. Y dar sentido al hecho de alimentarnos como una práctica de justicia, memoria y sustentabilidad. Porque en La Combi Rosa no cocinamos solo para vivir: cocinamos para recordar quiénes somos, para imaginar futuros más sabrosos y para cuidar la vida en todas sus formas. Conoce más sobre el trabjo de Arthur Brooks: The three components of lasting happiness according to a Harvard expert. Universe BYU. https://universe.byu.edu/2024/04/05/the-three-components-of-lasting-happiness-according-to-a-harvard-expert/ Brooks advocates self-reflection in understanding happiness. The Heights. https://www.bcheights.com/2024/12/04/brooks-advocates-self-reflection-in-understanding-happiness/ Happiness may be in decline, but we can all make choices to improve our lives. Harvard Kennedy School. https://www.hks.harvard.edu/faculty-research/policy-topics/public-leadership-management/happiness-may-be-decline-we-can-all Enjoyment, not pleasure, creates happiness. The Atlantic. https://www.theatlantic.com/family/archive/2022/03/enjoyment-not-pleasure-creates-happiness/627583/
