Amazon, Whole Foods, Jüsto y lo que éstas compras revelan sobre el sistema alimentario
En La Combi Rosa hablamos de comida no como tendencia ni como conveniencia, sino como sistema: de relaciones, de poder, de territorio y de decisiones que tienen consecuencias reales en la vida cotidiana. Desde ahí, la historia reciente de Jüsto se vuelve un punto de partida clave para pensar el llamado “futuro del súper”.
Durante semanas, el cierre de operaciones de Jüsto en México y otros mercados de América Latina anunciado en diciembre del 2025 fue leído como el fin de una promesa: la de un supermercado digital que buscaba eliminar intermediarios, ofrecer precios justos y modernizar la experiencia de compra de alimentos.
Ese repliegue evidenció una realidad estructural compleja: márgenes extremadamente reducidos, altos costos logísticos, dependencia del capital de riesgo y un mercado profundamente desigual en hábitos de consumo e infraestructura. No fue un fracaso aislado, sino el reflejo de los límites de un sistema alimentario que castiga la innovación cuando no está alineada con escala, volumen y concentración.
Fundada en 2019, Jüsto creció aceleradamente durante la pandemia, cuando el e-commerce alimentario vivió un auge sin precedentes. Atrajo inversión internacional, expandió su operación y se posicionó como una alternativa “más justa” frente a supermercados tradicionales. Sin embargo, conforme el contexto cambió —menor liquidez global, consumidores más sensibles al precio, costos crecientes de última milla y presión por rentabilidad— el modelo mostró sus fragilidades. La lección parecía clara: en el sistema alimentario, la intención no basta.
Un matiz importante: Jüsto no desaparece, se reconfigura
La historia, sin embargo, no terminó ahí. La compra de Jüsto USA por Grupo Omni anunciada el 13 de enero del 2026 introduce un matiz crucial. Más que una quiebra total, lo que ocurrió fue una reorganización geográfica y estratégica: el proyecto no logró sostenerse como alternativa independiente y regional, pero sí resultó valioso como activo dentro de un grupo con mayor músculo operativo, infraestructura y conocimiento del mercado estadounidense.
Este movimiento confirma una constante del sistema alimentario contemporáneo: cuando los modelos con narrativa ética o innovadora no logran sostenerse por sí mismos, no desaparecen del todo, sino que son absorbidos, fragmentados o reapropiados por actores con mayor capacidad de escala. El propósito, nuevamente, sobrevive más como atributo de marca o know-how que como estructura transformadora del sistema.
Este contexto ayuda a entender por qué, frente a la dificultad de construir alternativas desde la periferia, los grandes jugadores no suelen crear nuevos modelos: compran legitimidad, infraestructura o inteligencia operativa. En 2017, Amazon no entró al mundo de los alimentos frescos creando un modelo nuevo; optó por adquirir Whole Foods Market, una empresa que ya había construido confianza, estándares éticos y un discurso alineado con el llamado capitalismo consciente.


