La ecopsicología como práctica colectiva para no colapsar Vivimos tiempos de saturación. Saturación de diagnósticos, de imágenes de colapso, de discursos que nombran la crisis una y otra vez, pero pocas veces se detienen en lo que esa crisis produce en los cuerpos y en los vínculos. Crisis climática, crisis alimentaria, crisis de cuidados, crisis de sentido. Frente a este escenario, muchas personas oscilan entre la negación funcional y una desesperanza silenciosa que paraliza. No por falta de información, sino por exceso de carga. ¿Y si el malestar que sentimos no fuera un defecto individual?¿Y si el dolor por el mundo fuera, en realidad, una señal de que seguimos conectadas a la vida? Durante más de cinco décadas, Joanna Macy (1929–2025) —ecofilósofa, activista ambiental y estudiosa del budismo— dedicó su trabajo a explorar esta pregunta. Su propuesta, conocida como The Work That Reconnects (El trabajo que reconecta), no busca anestesiar el dolor ni ofrecer consuelo rápido, sino acompañar procesos colectivos para atravesar el sufrimiento planetario sin caer en la parálisis. En La Combi Rosa, este enfoque dialoga profundamente con nuestra forma de entender el cuidado, el cuerpo y la transformación social. Sentir no es fallar Una de las afirmaciones más potentes de Joanna Macy es también una de las más incómodas para la cultura contemporánea:sentir dolor por el mundo es una expresión de amor. La tristeza frente a la devastación ambiental, la rabia ante la injusticia, el duelo por la pérdida de territorios, especies o formas de vida no son patologías individuales. Son respuestas coherentes de cuerpos que no se han desconectado del todo. Sin embargo, cuando ese dolor no encuentra espacio simbólico ni sostén colectivo, se vuelve abrumador. Entonces aparece la fatiga, el cinismo o la desconexión emocional como estrategias de supervivencia. Tanto The Work That Reconnects como La Combi Rosa parten de una crítica compartida: no podemos seguir tratando el sufrimiento sistémico como un problema privado. Un espiral para atravesar la crisis El trabajo de Macy no se organiza como una técnica ni como una receta de intervención, sino como un espiral: una secuencia viva que puede recorrerse múltiples veces a lo largo de la vida. Gratitud No como positivismo obligatorio, sino como práctica de enraizamiento. Reconocer lo que aún sostiene la vida —el cuerpo, el alimento, los vínculos, los territorios— permite recuperar suelo en medio de la incertidumbre. Honrar el dolor por el mundo Este es el gesto más radical del enfoque. Dar lugar al miedo, al enojo, al duelo, sin patologizarlos ni individualizarlos. El dolor compartido deja de ser una carga privada y se convierte en experiencia relacional. Ver con nuevos ojos Aquí ocurre un cambio de marco: dejar de pensarnos como individuos aislados enfrentando problemas gigantes y empezar a reconocernos como seres interdependientes, insertos en tramas ecológicas, sociales y afectivas más amplias. Actuar desde la conexión La acción ya no nace de la culpa ni del mandato de “hacer más”, sino de una claridad encarnada sobre lo que importa cuidar. A veces será acción política explícita; otras, transformaciones silenciosas en la vida cotidiana. La Combi Rosa: cuidado, cuerpo y comunidad En La Combi Rosa compartimos una intuición central con el trabajo de Joanna Macy:no hay transformación posible sin cuerpo, sin afecto y sin comunidad. Nuestros espacios —talleres, conversaciones, procesos de acompañamiento— no buscan optimizar personas ni producir sujetos resilientes a toda costa. Buscan restituir la capacidad de sentir, elegir y cuidarse en relación. Cuando hablamos de alimentación, de autocuidado o de salud, lo hacemos desde una mirada que reconoce: el cansancio estructural, la sobrecarga emocional, y la necesidad de prácticas que no profundicen la autoexigencia. En ese sentido, honrar el dolor por el mundo también implica revisar cómo habitamos nuestros cuerpos, cómo nos alimentamos, cómo descansamos y con quiénes compartimos el peso de vivir en tiempos complejos. No salvar el mundo, sino seguir perteneciendo a él Uno de los gestos más liberadores del trabajo de Macy es desactivar la fantasía heroica del “salvamento”. No estamos aquí para cargar con el mundo sobre los hombros, ni para resolverlo todo. Estamos aquí para seguir perteneciendo a la trama de la vida, incluso —y sobre todo— cuando duele. Desde esta perspectiva, cuidar, cocinar, escuchar, poner límites, construir comunidad o cambiar una práctica cotidiana también son actos profundamente políticos. No porque sean grandiosos, sino porque sostienen la vida en contextos que tienden a erosionarla. Reconectarnos es una práctica, no una promesa The Work That Reconnects no ofrece finales felices. Ofrece algo más honesto: la posibilidad de no desconectarnos de lo que amamos, incluso en medio de la crisis. En La Combi Rosa creemos que reconectarnos con la vida —con el cuerpo, con los afectos, con la Tierra— es una práctica cotidiana y colectiva. Una forma de resistencia suave pero persistente frente a un sistema que se beneficia de nuestra anestesia. No se trata de negar el colapso.Se trata de no colapsar por dentro.No se trata de dejar de sentir.Se trata de sentir con sostén.No se trata de tener todas las respuestas.Se trata de seguir disponibles para la vida. “Si logramos liberarnos de los delirios y las dependencias que genera la «sociedad del crecimiento industrial», algo maravilloso puede suceder. Si logramos evitar el pánico, quizá encontremos, por fin, el poder indomable de nuestra creatividad y solidaridad.” Joanna Macy Bionera
Start Here: How to Navigate our Substack
Hitch a ride with La Combi Rosa to the intersection of food, care and health—both personal and planetary. We’re thrilled to have launched La Combi Rosa’s Substack — a slow, thoughtful space at the intersection of food systems, health, and social design. This isn’t just another newsletter — it’s an invitation to think deeply and engage meaningfully with the big questions shaping how we eat, care for ourselves, and care for each other. 🌿 What our Substack Is About La Combi Rosa is designed as a thinking space — not a quick read or a list of tips — but a journey into how food and health are woven into our lives, our communities, and our world. Here’s what you’ll find: Systems Thinking Rooted in Real ExperienceWe explore how food systems work — socially, culturally, politically — and why understanding them helps us make better choices and build more just communities. Essays & ReflectionsDeep dives that connect theory with everyday life, inspired by research, fieldwork, and lived experience. Field NotesGrounded observations from workshops, collaborations, and community projects that spark curiosity and insight. Design Reflections & ProvocationsThoughtful questions about how systems could be designed differently — to support dignity, joy, resilience, and collective care. This space values dialogue over certainty. You don’t have to agree with every idea — in fact, disagreement and diverse perspectives make this experiment richer. 📖 How We Publish This isn’t a high-frequency newsletter. Well, sometimes it is. Posts are published intentionally — only when there’s something meaningful to share. Slow is a feature here, not a flaw. YOLO, so fast is also not a flaw. 🤝 How You Can Engage Whether you’re there to read quietly, share your thoughts, or dive into conversation, there’s no “right” way to participate. You can: Read what resonates Comment with your perspective Share posts you find valuable Support the work by subscribing This is a space built with you, not just for you. 👉 Want to read the full posts, essays, and reflections in English? Head over to our Substack and join the conversation: https://lacombirosa.substack.com/
Soberanía alimentaria, cacao y café mexicano: cuando la calidad debe poder disfrutarse en casa
Hablar de soberanía alimentaria no es solo hablar de agricultura; es hablar de dignidad, de acceso y de quién decide qué se produce, para quién y a qué precio. También es hablar de gozo y variedad de sabores. En México, uno de los países con mayor riqueza agroalimentaria del mundo, esta pregunta se vuelve urgente cuando observamos una paradoja cada vez más común: producimos alimentos de altísima calidad que muchas veces no podemos consumir. “Y cuando esa dinámica se impone —por ejemplo, cuando productos de clase mundial salen del país sin que nuestras propias comunidades tengan acceso— la seguridad alimentaria queda indiscutiblemente debilitada”, dice Vicente Martínez, de Ochenta Manos y Café Fábula, uno de los líderes del movimiento de café de especialidad en Jalisco y uno de los maestros tostadores más respetados del país. El café de especialidad -y sin duda el del chocolate artesanal- son ejemplos emblemáticos de ese lucha por el acceso a ingredientes de alta calidad y exquisita embocadura. En regiones como Chiapas, Oaxaca o Veracruz, pequeños productores cultivan cafés excepcionales, reconocidos internacionalmente por su perfil sensorial, su manejo agroecológico y su vínculo con el territorio. Igualmente sucede en Tabasco y Chiapas con quienes cultivan cacao fino en haciendas que mantienen policultivos y otras técnicas que protegen la biodiversidad. Sin embargo, gran parte de estas cosechas -muchas veces incluso las cosechas completas- son compradas por empresas transnacionales o compradores extranjeros antes incluso de llegar al mercado local. El resultado es que el mejor café y cacao mexicano se exporta, mientras que dentro del país se consume café y cacao de menor calidad, altamente industrializado o de plano, importado. Este patrón se repite en otros países productores, como Colombia. Este fenómeno tiene implicaciones profundas para la seguridad alimentaria, entendida no solo como tener “algo” que comer, sino como el acceso constante a alimentos nutritivos, culturalmente pertinentes y producidos de manera justa. Cuando los alimentos de mayor calidad salen del país o quedan fuera del alcance de las comunidades que los producen, se debilita el sistema alimentario local y se refuerzan dinámicas de dependencia y desigualdad. Aquí es donde la soberanía alimentaria cobra sentido práctico. No se trata de cerrarse al comercio internacional, sino de equilibrarlo, priorizando el derecho de las comunidades a decidir sobre sus alimentos y a beneficiarse de su valor. Y una de las herramientas más poderosas —y menos exploradas— para lograrlo es la compra colectiva. Por lo menos eso es lo que Vicente nos comentó, entre tazas de un café excepcional y pastelitos deliciosos mientras debatíamos también las nuevas medidas del gobierno para proteger el café mexicano. La compra colectiva de ingredientes locales de muy alta calidad permite reorganizar el mercado desde abajo. Cuando consumidores, cocineras, cafeterías, cooperativas, comedores comunitarios o proyectos como La Combi Rosa se organizan para comprar directamente a productores, se generan circuitos cortos que garantizan precios justos, acceso local y estabilidad económica. En el caso del café y el cacao, esto puede significar que una parte de la cosecha de especialidad se quede en México, disponible para quienes lo cultivan y para comunidades que valoran su origen, su historia y su sabor. Además, la compra colectiva no es solo una transacción económica: es un acto político y cultural. Revaloriza el trabajo campesino, fortalece la identidad alimentaria y crea vínculos de corresponsabilidad entre quien produce y quien consume. En lugar de competir individualmente en un mercado global desigual, se construyen redes que priorizan el bien común y la resiliencia del sistema alimentario. “Es a través de la intervención de una red de consumo local para la transformación de esos ingredientes que podemos hacer una diferencia real y asegurarnos de seguir teniendo acceso a la calidad de productos agrícolas que requerimos para nuestros proyectos”, asegura Vicente. Estamos de acuerdo. En La Combi Rosa creemos que transformar el sistema alimentario empieza por decisiones cotidianas, pero informadas y colectivas. Elegir café de especialidad mexicano y cacao fino comprado de manera justa, organizada y consciente no es un lujo: es una forma concreta de defender la soberanía alimentaria y de asegurar que los alimentos que nacen en nuestros territorios también nutran y traigan prosperidad a quienes los habitan. Porque la verdadera calidad no debería medirse solo por lo que se exporta, sino por lo que somos capaces de compartir, cuidar y disfrutar en comunidad. Café + chocolate: activando el cambio desde el paladar Si bien los consumidores de café y chocolate podemos hacer nuestra parte educándonos y siendo selectivos de en dónde y a quién comprarle esas delicias, quienes transforman los granos también pueden hacer una gran diferencia al actuar de manera colectiva. Porque, ¿de qué otra manera podrían tener acceso a ingredientes de calidad suprema si no es cambiando el modus operandi que impera en la industria? Mientras degustábamos el Café Ochenta Manos en Café Fábula (Colonia Americana, Guadalajara), escuchamos en voz de Vicente historias de quienes trabajan cada año para sacar adelante una cosecha excepcional. Productores de zonas serranas de Chiapas y Oaxaca le contaron que, tras meses de sombra bien manejada, cosecha a mano y selección de grano por grano, muchas veces su mejor café se vende “en verde” a compradores que no retornan al territorio. Nosotras le compartimos que hace algunos meses, un productor nos dijo: “Sabemos que lo que hacemos vale. Pero a veces ni probamos el cacao que cultivamos porque ya se fue, ni se diga una barra del chocolate que hacen con él porque está totalmente fuera de nuestro alcance por su precio.” Esa percepción no es aislada. En muchas regiones cafeteras y cacaoteras de México, la mejor cosecha se va al mercado internacional —a menudo a Europa, Japón, los Emiratos Árabes o Estados Unidos— porque los compradores foráneos pagan por volumen y por calidad, y los circuitos de distribución local no están suficientemente articulados. Y es ahí donde Vicente dice que está el punto en el que nos podemos apalancar, porque desde su punto de vista la compra colectiva no solo es una estrategia económica: es un acto
Colmena Bot Escolar: tecnología con límites para cuidar la vida
En un momento histórico marcado por la desconfianza hacia la inteligencia artificial, la crisis ecológica y la fatiga frente a soluciones tecnológicas que prometen “salvarlo todo”, Colmena Bot Escolar se posiciona desde otro lugar. No como una plataforma más, ni como una solución tecnosolucionista, sino como una práctica pedagógica situada, con límites claros y una ética del cuidado en el centro. Por eso, paradójicamente, Colmena Bot Escolar es aceptable —incluso valiosa— para personas que se declaran anti-AI, es más eco-friendly por diseño y se alinea de manera natural con la Economía de la Rosquilla (Donut Economics). Una IA que no impone, acompaña Para muchas personas críticas de la IA (como nuestra cofundadora Eva Sander), el problema no es la tecnología en sí, sino cómo y para qué se usa. Colmena Bot Escolar no promete reemplazar docentes, madres, padres ni comunidades. No automatiza el cuidado ni la educación. No vigila, no evalúa, no decide. Funciona como una herramienta mediadora, visible y discutible, que acompaña procesos humanos ya existentes. Pone el cuerpo, el contexto y la experiencia cotidiana al centro: la alimentación real, el entorno escolar concreto, las preguntas vivas de niñas, niños y familias. En lugar de esconder la tecnología detrás de una falsa neutralidad, Colmena Bot Escolar la nombra, la limita y la somete a conversación. No pide fe en la IA; pide pensamiento crítico con ella. Esa es una diferencia política profunda. Eco-friendly no por marketing, sino por coherencia Colmena Bot Escolar no se construyó desde la lógica de “más tecnología = más impacto”, sino desde el principio de lo suficiente. Evita materiales físicos innecesarios, impresiones masivas y kits escolares de alto impacto ambiental. No depende de hardware nuevo ni de infraestructuras pesadas. Funciona sobre tecnologías ya presentes en la vida cotidiana, reduciendo el ciclo de consumo tecnológico y la obsolescencia. Además, no busca maximizar tiempo en pantalla ni volumen de interacciones. Interviene cuando hace falta y se retira cuando no. Esto reduce carga energética, procesamiento innecesario y dependencia tecnológica. En términos ecológicos, Colmena Bot Escolar también implica una huella menor que el uso directo de herramientas de IA generalistas, como ChatGPT, para las mismas tareas educativas. Esto se debe a que no incentiva la exploración infinita ni la consulta constante, sino interacciones acotadas, necesarias y con un propósito pedagógico claro. Mientras los modelos generalistas están diseñados para maximizar uso y permanencia, Colmena Bot Escolar orienta a resolver preguntas concretas y a volver al mundo físico: la cocina, el aula, el cuerpo, el territorio. Al trabajar con flujos de información precurados, tiempos definidos y objetivos claros, reduce procesamiento redundante y consumo energético. En ese sentido, no solo utiliza IA, sino que enseña cuándo no usarla, disminuyendo su huella ecológica y reforzando una relación más responsable con la tecnología. Pero lo más importante: el impacto ecológico positivo de Colmena Bot Escolar supera con creces su huella digital. Al trabajar sobre alimentación consciente, salud metabólica y ecología cotidiana, promueve cambios de comportamiento que reducen desperdicio, medicación innecesaria y desconexión con los ciclos naturales. Aquí la tecnología no “optimiza” la naturaleza. Aprende a convivir con ella. Dentro de la rosquilla: bienestar sin rebasar límites Todo esto conecta directamente con la Economía de la Rosquilla, propuesta por Kate Raworth, que plantea una pregunta clave:¿cómo garantizar el bienestar social sin rebasar los límites planetarios? Colmena Bot Escolar opera exactamente en ese espacio. Fortalece el piso social del donut: educación, salud, alimentación, cuidado. No como servicios premium, sino como condiciones básicas para vivir bien.Y al mismo tiempo respeta el techo ecológico: pone límites explícitos a la expansión tecnológica, al consumo energético y a la lógica de crecimiento infinito. No mide su éxito por volumen de usuarios ni por escalabilidad sin freno, sino por calidad de aprendizaje, cambios de hábitos y regeneración de relaciones. No extrae conocimiento de las comunidades para convertirlo en producto; lo devuelve, lo comparte y lo pone en circulación. En lugar de concentrar poder en la tecnología, distribuye la autoridad: docentes, familias y comunidades siguen siendo el núcleo decisor. La IA acompaña, no gobierna. Tecnología que sabe detenerse Colmena Bot Escolar existe desde una convicción simple pero radical:no toda tecnología que puede usarse, debe usarse. Inspirado por el pensamiento poshumano de Donna Haraway y por economías que ponen la vida en el centro, este proyecto entiende que el verdadero avance no está en acelerar, sino en aprender a detenerse, a cuidar y a habitar con otros —humanos y no humanos— de forma responsable. En un mundo obsesionado con el “más”, Colmena Bot Escolar apuesta por el suficiente. Y eso, hoy, es un acto profundamente transformador. “El verdadero reto de la inteligencia artificial no es el cálculo, sino cómo se representa el mundo internamente”. Jeff Hawkins Neurocientífico, emprendedor y tecnólogo. Conversaciones posmodernas en torno a la Inteligencia Artificial https://www.youtube.com/watch?v=Rcm9u9CdK10
La parte social de la gastronomía: ¿qué nos depara el resto del Siglo XXI?
Del 13 al 15 de noviembre de 2025, La Combi Rosa se estacionará en el Centro Histórico de la Ciudad de México para participar en el II Congreso Internacional “Gastronomías y Cocinas para el resto del siglo XXI, organizado por la Universidad del Claustro de Sor Juana cuyo objetivo es: “analizar las problemáticas que rodean el papel de las gastronomías y de las cocinas, entendidas y reflexionadas en un sentido amplio, partiendo de las preocupaciones y retos sociales actuales“. Este encuentro reunirá académicos, chefs, activistas y diseñadores para reflexionar sobre los retos y posibilidades de la cocina en un mundo en transformación. Y es que la gastronomía social no es una moda, sino una urgencia: cuando el 59 % de las personas en América Latina vive alguna forma de inseguridad alimentaria, y cuando los sistemas agrícolas están sometidos a crisis ecológicas, la cocina colectiva se convierte en acto de resiliencia (FAO, 2023). En ese sentido, nuestra propuesta se alinea con la idea de que “la transformación del sistema alimentario no pasa solo por políticas, sino por pequeñas revoluciones en la mesa”. Fuimos seleccionadas para participar para abordar uno de los once temas del Congreso: El rol de la inteligencia artificial en gastronomía y en las propuestas gastronómicas. Presentaremos a NadIA (Nutrición, Alimentos y Datos con Inteligencia Artificial), la asistente digital de ColmenaBot Escolar, una herramienta de innovación social ecosistémica, diseñada utilizando tecnología de la empresa mexicana Mente Digital, para fortalecer los sistemas alimentarios escolares en México -en esta primera fase particularmente en Hidalgo, Tlaxcala y Puebla. Nuestra intervención en la Mesa 9 buscará demostrar cómo la inteligencia artificial tras ColmenaBot Escolar puede servir como instrumento para construir una gastronomía social inclusiva, sostenible y culturalmente arraigada, capaz de abordar los desafíos sociales, económicos y culturales de los sistemas alimentarios en el siglo XXI. Vemos en este congreso una oportunidad para visibilizar la gastronomía social como eje de nuestra misión. Entendemos por gastronomía social aquella práctica culinaria que trasciende el sabor — y se orienta hacia la justicia, el vínculo comunitario y el cuidado del entorno. Integra lo nutricional, lo cultural y lo comunitario, y coloca la mesa como un espacio de diálogo, bienestar y transformación. Participar en el Congreso del Claustro nos permitirá conectar con otras visiones, ampliar redes, intercambiar herramientas y reafirmar que el proyecto de La Combi Rosa es parte de un movimiento más amplio: el de la reorganización del cuidado, el alimentar desde lo cotidiano. La comida es todo lo que somos. Es una extensión del sentimiento nacionalista, del sentimiento étnico, de nuestra historia personal, de nuestra provincia, de nuestra región, de nuestra tribu, de nuestra abuela. Es inseparable de todo ello desde el principio.- Anthony Bourdain Temas de esta edición: Retos sociales vinculados con la cadena alimentaria Responsabilidad social en el mundo empresarial alimentario Experiencias gastronómicas articuladas sobre los territorios locales Alimentación, cultura, sociedad y territorio La alimentación y la gastronomía como instrumentos para el desarrollo social Binomio gastronomía/sostenibilidad a nivel local, regional y global Sistemas de producción y sustentabilidad La gastronomía como instrumento de reflexión sobre lo social Gastronomía, conciliación justicia social Gastronomías, cocinas y turismo Tecnologías, innovación y alimentación Gastronomía y mercado laboral Alimentación y salud pública Ideologías y movimientos sociales alrededor de lo alimentario Políticas públicas de desarrollo y alimentación Gastronomía, reinserción social, construcción del diálogo y gestión de la paz Alimentación sustentable entre lo urbano y lo rural El rol de la inteligencia artificial en gastronomía y en las propuestas gastronómicas ¿Qué es la Cátedra UNESCO de Alimentación, Cultura y Desarrollo? Una Cátedra UNESCO es un proyecto de investigación, docencia y difusión que se establece en universidades e instituciones de educación superior para colaborar con la UNESCO en temas prioritarios como educación, ciencias, cultura y comunicación. A través de estas cátedras, se busca fortalecer la cooperación internacional, el intercambio de conocimientos y el desarrollo de capacidades institucionales para abordar desafíos globales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Son parte del programa de hermanamiento y cooperación UNITWIN. La Cátedra UNESCO de Alimentación, Cultura y Desarrollo -con sede en la Universitat Oberta de Catalunya– tiene como objetivo promover la investigación y la educación en tres áreas principales: la comida, la cultura (incluyendo el conocimiento, la diversidad social y diferentes adaptaciones locales) y el desarrollo (cubriendo áreas como la nutrición, el desarrollo rural, la economía local y global, los negocios, la comunicación, las regulaciones, la promoción de las mejores prácticas, etc.).
“Tu viaje de sanación psicodélica”: un nuevo capítulo para la medicina del bienestar
El pasado 31 de julio en el Instituto Mexicano para la Justicia (IMJUS), la Dra. Carmen Amezcua –mentora y consejera de La Combi Rosa-presentó su nuevo libro Tu viaje de sanación psicodélica (Editorial Planeta). Esta obra abre una conversación urgente sobre el bienestar integral, integrando los hallazgos más recientes en psiquiatría integrativa, medicina psicodélica y espiritualidad contemporánea. La Doctora Amezcua (Carmen, para nosotras) ha dedicado más de 24 años a la salud mental desde una perspectiva holística, titulada en la Facultad de Medicina de la UNAM, con especialidad en psiquiatría por el Instituto Nacional de Psiquiatría Juan Ramón de la Fuente, y certificaciones en psiquiatría integrativa, terapia asistida con psicodélicos y otras relacionadas al wellness. Su trabajo pionero identifica la importancia de la alimentación como un factor crítico de los cuatro pilares fundamentales del bienestar integral: cuerpo, mente, espiritualidad y estilo de vida. Con un lenguaje accesible y profundo, Carmen propone un modelo de salud que une ciencia, cuerpo y conciencia —una visión que resuena de manera natural con la filosofía de La Combi Rosa. En el libro, Carmen explora cómo las experiencias psicodélicas pueden ser portales hacia la sanación emocional, siempre que estén acompañadas por una práctica sostenida de auto-cuidado y un acompañamiento integrativo, en donde la alimentación consciente tiene un lugar estratégico. Para ella, los alimentos no solo nutren el cuerpo: también son una medicina para el alma cuando se abordan desde una perspectiva vinculada a la creatividad y a la arteterapia. No es de extrañarse, pues Carmen es además una gran cocinera y guardiana de recetas familiares. Desde su mirada, la cocina se convierte en un espacio de reconexión, serenidad y expansión, donde los sabores y olores actúan como mediadores entre la memoria, el gozo y la mente. Este enfoque dialoga directamente con nuestro trabajo en La Combi Rosa, donde entendemos la cocina como una herramienta de transformación personal y social. Así como Carmen propone la integración entre ciencia y experiencia interior, nosotros exploramos la intersección entre alimentación, arte y salud mental como caminos hacia la plenitud. Coincidimos en que la verdadera sanación —como el verdadero gozo— ocurre cuando cuerpo, mente y territorio encuentran su ritmo común. La publicación de Tu viaje de sanación psicodélica no solo celebra una nueva etapa en la trayectoria de Carmen Amezcua, sino también un avance para quienes creemos en una medicina del bienestar que incluye el gozo, la creatividad y el alimento como pilares fundamentales. Desde La Combi Rosa celebramos este hito con gratitud, sabiendo que cada palabra escrita en este libro expande la misma misión que compartimos: sanar desde el disfrute, nutrir desde la conciencia y vivir desde el asombro.
Recetas para ciudades prósperas: La Combi Rosa en el ITESO
La Combi Rosa participó en el 5º Congreso Internacional en Hábitat y Sustentabilidad del ITESO, un encuentro que reunió a académicos, diseñadores y activistas para imaginar futuros urbanos más justos y resilientes. Bajo el título “Transformar los sistemas alimentarios para diseñar ciudades prósperas”, el taller facilitado por Eva Sander y Elena Yepes invitó a los asistentes a repensar el papel de la comida —desde el suelo hasta la mesa— como herramienta de diseño urbano, bienestar colectivo y regeneración ecológica. El punto de partida fue una pregunta sencilla pero poderosa: ¿qué pasaría si diseñáramos nuestras ciudades a partir de cómo comemos? A través de metodologías de pensamiento sistémico, se analizaron los flujos invisibles del sistema alimentario —producción, distribución, consumo y desecho— y su relación directa con la salud, la equidad y el entorno construido. Las participantes co-crearon mapas, diagramas y menús urbanos que integraban ingredientes locales, biodiversidad y placer, explorando cómo la gastronomía funcional puede alimentar también la arquitectura social y ecológica de las ciudades. El taller se inspiró en las ideas de Kate Raworth, economista británica autora de Doughnut Economics: Seven Ways to Think Like a 21st-Century Economist (2017). Raworth propone un modelo de desarrollo basado en la “rosquilla” o donut, un marco visual que equilibra las necesidades humanas básicas (salud, alimento, vivienda, comunidad) con los límites ecológicos del planeta. Su enfoque, adoptado por ciudades como Ámsterdam, ofrece una alternativa al crecimiento ilimitado y sugiere que la prosperidad urbana puede medirse no solo en PIB, sino en bienestar colectivo y regeneración ambiental. En el taller, este modelo fue adaptado al contexto alimentario mexicano: imaginar un “donut de la milpa”, donde el sistema alimentario sostenga la vida sin sobrepasar los límites del territorio. Complementando esta mirada, Carolyn Steel, arquitecta y escritora de Hungry City: How Food Shapes Our Lives (2008) y Sitopia: How Food Can Save the World (2020), ofrece una perspectiva urbana y cultural sobre la comida. Steel sostiene que la manera en que alimentamos a las ciudades determina su forma, su funcionamiento y su justicia social. En Sitopia, desarrolla el concepto de “sitopia”, que significa literalmente “lugar de comida”: una visión de las ciudades como ecosistemas alimentarios donde cultivar, cocinar y compartir se vuelven prácticas cívicas fundamentales. Estas ideas resonaron con la filosofía de La Combi Rosa, que entiende la cocina como un acto de diseño social y como núcleo de la sostenibilidad cotidiana. El aporte de La Combi Rosa al Congreso del ITESO fue abrir un espacio donde teoría, emoción y práctica se encontraron: entre mapas de sistemas, anécdotas gastronómicas y la cadena alimenticia local, se tejieron nuevas preguntas sobre el futuro de nuestras ciudades. ¿Cómo podemos diseñar comunidades donde el gozo, el alimento y la justicia convivan en equilibrio? ¿Cómo usar el acto de cocinar para regenerar no solo cuerpos, sino también barrios, suelos y vínculos? Para La Combi Rosa, imaginar ciudades prósperas comienza en la cocina: en el acto íntimo y colectivo de preparar, cuidar y compartir. Si, como dice Steel, “la comida es la herramienta más poderosa para dar forma al mundo”, entonces cocinar juntos es el primer paso para diseñar un futuro habitable, justo y delicioso. https://www.youtube.com/watch?v=CLWRclarri0https://www.youtube.com/watch?v=Rhcrbcg8HBw
